[esp] Paloma Valenzuela Berríos - Pensamientos de pelos

Nací hembra. Desde este cuerpo he podido sentir el mundo. Y sentirme en él. Pensar el mundo. Y pensarme en él. Gestar nueva vida. Simbólica y de carne. Escribir. Parir. Amamantar. La hembridad me viene bien. Lo problemático ha sido ser “mujer”.

Una mujer debe aspirar a la belleza. Y para ser bella hay que mirar estrellas. No basta con lo que el cuerpo es. Hay que esculpirlo. Adaptarlo. Cultivar y exhibir algunas partes. Ocultar otras. Celutitis. Arrugas. Rollos. Canas. Pelos corporales. Estos últimos deben ser eliminados. Idealmente, de raíz.

Puede parecer absurdo que alguien desgaste emociones y pensamientos por ellos. Son pelos. Nada más. Pero mirado desde el interior de una comunidad -en mi caso hablo de Chile- en que el tabú de los pelos femeninos tiene fuerza y vigor, los vellos corporales pueden generar verdaderos conflictos.

El problema no son los pelos en sí, sino la exigencia que hay detrás. El deber impuesto de cambiar el propio cuerpo significa que éste, en su estado natural, no es suficiente. Hay que corregirlo. Y como se vive con el cuerpo (¿hay alguna otra manera de vivir?), esa insuficiencia se lleva a todos lados. Se vuelve omnipresente. Pero incluso más: como en la intimidad del espejo siempre está el cuerpo, esa incorrección se torna, además, íntima. Propia. Autonegadora.

Padecí las contradicciones de esa autonegación cuando tenía 15. El tabú de los pelos había entrado a tal punto en mis ojos, que cuando veía mis piernas o axilas peludas, o las de mis amigas, consideraba que se veía “muy feo”. Pero no tenía el mismo juicio cuando miraba las piernas de los hombres. Sus pelos eran “normales”. Si yo hubiera podido mirar un montón de piernas peludas sin saber si pertenecían a un hombre o a una mujer, no habría podido juzgar si se veían “feas” o “normales”. Mi juicio no era estético, sino valórico. No era que los pelos se vieran feos, sino que las mujeres no debían llevar pelos.

Yo, en tanto mujer, no debía llevar pelos. Pero cada vez que me sometía a la sesión de depilación periódica, sentía que había algo de violencia en ese acto. Una violencia autoinflingida –porque era yo quien pagaba por el servicio depilatorio-, pero justificada con la bandera de las exigencias del mundo. Esa bandera que, tanto al salir a la calle como al mirar mi reflejo, me exigía más a mí que a mis hermanos. 

No estoy exagerando. Las publicaciones en internet o en las redes sociales de mujeres sin depilar generan controversia. Un ejemplo: en la campaña publicitaria “Adidas, Superstar otoño-invierno 2017”, la modelo Arvida Byström apareció con sus piernas peludas y recibió mensajes de odio e incluso amenazas de violación [1]. Los pelos en las mujeres son feos. Poco higiénicos. Inapropiados. Y es ridículo que estas mujeres hagan de los pelos una militancia. Ese es el tenor de las críticas.

Pero el motor de esa militancia es recuperar el propio cuerpo. Nada menos. Es poder habitarlo con libertad. La dimensión interna de esa lucha es quizá la más desafiante. Esa que se lleva sin público. Sin fotos. Sin redes. Solo un cuerpo en su estado natural frente a la propia mirada. 

Hay un umbral dimensional en el espejo. Cuando se atraviesa, todo cambia. 

La eventual decisión de depilarse pasa a ser tan libre como la de hacerse un tatuaje. O ponerse un pañuelo. O vestirse de rojo. Se abre un espacio para jugar. Un espacio de auto aceptación en donde caben mil formas de belleza. Cuando eso ocurre, los pelos pierden su carga valórica. Retornan a su insignificancia. Vuelven, en fin, a ser lo que naturalmente son: nada más que delgados filamentos cilíndricos que penden de nuestra piel mamífera.





* Paloma Valenzuela Berríos. Escritora y abogada chilena. Publicaciones: “Tigresas Ardientes” (2018, Editorial Primeros Pasos); “Santiago al Abordaje, los Brujos y un Gran Viaje” (2016, Editorial OchoLibros); y “La ciudadanía también es mía” (2014, Editorial Pehuén). 




[fr] Zoé Besmond de Senneville - Elle dit qu’elle s’est perdue

Elle dit qu’elle s’est perdue
Qu’elle a oublié
Ou jamais su
Le chemin
Le bon chemin utile et nécessaire
Et utile et juste
Elle dit qu’elle voit toutes les répétitions
Défiler devant ses yeux nus
Nue elle aussi
Elle s’avance aveugle
La cécité 
Dans son patronyme
Et sur sa peau
Et dans les os
Elle dit que tout change
Que les lignes apparaissent troubles
Elle ne les connaît ne les reconnaît pas
Elle continue à dire
Elle espère ne pas s’arrêter
De dire
De dire
Car le silence
Dans les veines dans la chair
Danslesveinesdanslachair
Dans les veines et dans la chair
Le silence ça creuse.



* Zoé Besmond de Senneville est comédienne, modèle et poète. Son travail de poésie a été publié dans plusieurs revues : Les Nouveaux Délits, Sœurs, Lichen, Les Impromptus, Femlumag (2020), Anthologie du Castor Astral, Revue L’Utopie (2021), entre autres. Elle est aussi l’auteure du Journal de mes oreilles. Il est repéré par Télérama et édité en mars 2021 aux Editions Flammarion.
Revue de presse : https://linktr.ee/zoe.b2s




[esp] Angela Neira-Muñoz - Tengo una deuda con algunas mujeres

Tengo una deuda
contigo
ahora 
mujer afgana.
Tengo una deuda 
contigo
ahora
y tomaré cada piedra
y desarmaré cada cárcel
y romperé cada habitación y sus esquinas. 
Tengo una deuda 
contigo
ahora 
mujer afgana.
Tengo una deuda
y con mi palabra desobediente
y con mi lengua amenazada
y con mi boca abierta 
muy abierta 
tomaré cada piedra
cada cárcel
cada habitación
y sus esquinas 
para romperlas de una sola vez.
Tengo una deuda
contigo
ahora 
mujer afgana
y será mi palabra
tal como está
tal como la diga y la escriba
la que pague tus deudas
mujer afgana
Y será mi palabra 
tal como está
tal como la diga y la escriba 
la que pague tus deudas 
mujer afgana.



* Angela Neira-Muñoz 
(Chile, 1980) Escritora, docente y editora. Profesora de español, Magíster en Literatura, Máster en Igualdad de Género y Transformación Social, Estudios doctorales en Lingüística. Publicaciones: Tres escenas en la vida de Alicia(s) (dramaturgia; 2009 y 2016); Menester (poesía, 2015); Tengo una deuda (poesía, 2019); ‘Procesos escriturales. Mujeres de puño y letra’ (ensayo, 2018).




[esp] Lorena Gacitúa Cortez - Visitando el perdón

El azul del cielo en estos últimos días de febrero poco a poco va tornándose en un rosa violáceo -es mi hora mágica-.  Una sirena formada de nubes, con su cola desfigurándose lentamente; su cabellera crece, desenhebrándose y convirtiéndose en ondas blancas transitando por diferentes figuras. Puedo ver aparecer la luna, brillante, en relación con la claridad que aún persiste, resistiéndose a abandonar la escena. El volcán juguetea con las nubes, se esconde tras ellas, cual velo translúcido. Todo cambia, incesante… a un ritmo imperceptible, el movimiento de las nubes y las luces se acompasa con mis pensamientos y emociones, configurando una danza de formas colores, ideas, recuerdos y sensaciones corporales.  Son casi las 20:30 de la tarde y un colibrí baila alrededor del chilco que se interpone entre mí y el volcán al cual miro desde un monte de la Araucanía. Una lágrima brota junto a una danza de palabras en mi mente; belleza, paz, dignidad, vergüenza, rabia, injusticia, traición, perdón… perdón, ¡PERDÓN! queda resonando en mi corazón mientras todo sigue fluyendo, inclusive los colores del atardecer.

Comienza a anochecer y emergen en mi mente imágenes, recuerdos, vivencias que me susurran más intensamente la palabra perdón.  “Perdonar a otros, ser perdonada, perdonarme”.  He leído y escuchado que perdonar es saludable, que está asociado a la reducción del estrés y la ira, e incluso que influiría en la reducción de los niveles de colesterol. También he reflexionado sobre cómo el perdonar me haría libre, al salir de la jaula del resentimiento, la rabia y la posición de víctima. Por otra parte, también sé que hay personas que se sienten violentadas cuando alguien les ha sugerido “tienes que perdonar”, sobre todo cuando esto sucede en espacios íntimos e incluso en relaciones de terapia.  Aquí me pregunto, ¿cuál es la medida justa?

Me enseñaron que el amor todo lo puede, que el amor mueve montañas, “Si yo no tengo amor yo nada soy Señor… el amor disculpa todo, el amor es caridad”, aprendí a cantar en la misa cuando niña. Esta misma canción se repetía en la catequesis, y en mi colegio en una pequeña ciudad del centro sur de Chile. Recuerdo lo feliz y en paz que me sentía cantándola; ahora ya no soy religiosa y tampoco estoy tan segura –ni tan feliz- de lo declarado por la canción. Pareciera que los efectos de haber mordido la manzana del paraíso son una herencia que se expresa cuando se comienza a ser adolescente y no se detiene más. ¿Dónde quedan los límites frente a las traiciones, los abusos, las desconsideraciones?; si se perdona ¿se vuelve a fojas cero en una relación?, ¿dónde se va el dolor?; ¿para perdonar, es preciso que ese perdón sea solicitado? Pareciera que un alma compasiva no necesita esperar que esta solicitud aparezca, pero ¿qué pasa si no me siento capaz de perdonar?, ¿qué ocurre si me duele?, ¿qué ocurre si yo intento perdonar y a quienes pretendo perdonar no evidencian una pizca de arrepentimiento de haberme dañado, más aún creen estar en lo correcto?

No es fácil el perdón, creo…, ¿cómo se perdona sin reparar el daño generado?  Mi herencia cristiana me dice que debo perdonar, quiero, me esfuerzo, y perdono, una y otra vez.  Sin embargo, me pregunto, será que perdonar perpetúa el abuso, ese abuso constante e incesante que normalizamos en esta sociedad cristiana, patriarcal, ¿qué es lo correcto?, me pregunto mientras observo las copas de los árboles que se balancean sobre mí mostrándome lo inmenso y frágil que es todo. ¿Podrán perdonarme los árboles y los pájaros que yo perturbe con mis pensamientos su entorno? Una brisa inesperada oxigena mis pensamientos, soplándome que existen diferentes formas de entender el perdón. Me tranquiliza la idea de perdonar como un proceso, que puede visitarse de a poco -a pequeñas dosis- sin tener que quedarse en él absolutamente.  

Conversando con mi amiga Cecilia [1] -me encanta conversar con ella- me dice que a las mujeres se nos ha vedado la expresión de rabia, por lo tanto, expresarla y conectarse con ella, es revolucionario, ya que implica darse permiso para que esas emociones, prohibitivas para las mujeres, afloren.  El sentir rabia, se constituye entonces en el paso necesario para reconocer el haber sido dañada y tener derecho a la reivindicación para luego perdonar. Como siempre, Cecilia, me abre una nueva perspectiva y me gusta esta idea de entender la rabia y el perdón como parte de un continuo. Mis pensamientos y emociones danzan ahora, ¿cómo podemos las mujeres ayudarnos a liberarnos del dolor de estar atrapadas en una situación victimizante?, ¿qué hacer con la rabia que a veces nos quema y moviliza?, ¿cómo avanzar en el perdón, sin sentir que se transgrede nuestra dignidad?  Recuerdo a Chimamanda Ngozi Adichie, quien en su discurso “We should all be feminists” [Todos deberíamos ser feministas] afirma que la ira tiene una larga historia trayendo cambios positivos, y claro que sí, porque los derechos de las mujeres no se han conseguido sin luchas. Al ver esto vuelvo a la idea que la rabia o la ira sirven para poner límites y poner límites es compasivo y también auto compasivo. Así, poco a poco, voy entendiendo que perdonar no es lo mismo que reconciliarse. La reconciliación requiere que quien haya ofendido solicite el perdón. En contraste, hablar de perdón implica sanar las propias heridas. Desmond Tutu dice que el perdón reconoce y nombra el daño, lo integra en la biografía, por ello a veces la reconciliación no se logra, porque no se ha nombrado la ofensa, es decir no se ha reconocido el error. Creo importante destacar esta perspectiva de diferenciar el perdón de la reconciliación. Entender el perdón como un acto propio, de autosanación, para liberarse de la cárcel de odio y resentimiento.  Esto no implica reconciliarse con quién no asume sus culpas, tampoco quiere decir aceptar las injusticias.

Un suspiro de alivio me invade y veo que el perdón entonces podría ser un proceso, más que un acto definitivo. El perdón puede ser un acto “egoísta”, siendo beneficioso para quien perdona, y también puede ser un proceso.  Es decir, no es necesario traspasar la puerta del perdón y pasar irremediablemente a otro estadio irreversible. Pareciera que es posible “visitar el perdón” gradualmente. Esta idea me agrada, trae calma, ya que a veces me alivia perdonar, pero no quiero quedarme en ese estado definitivo, sintiendo que la impunidad y la injusticia reinan. Puedo visitar el perdón y también puedo volver a un estado de no perdón -qué aliviadora se torna esta idea. 

Y el crepúsculo de marzo tiene su propio aroma, en estos días visitando la propia vulnerabilidad del dolor en el cuerpo, dando pequeños pasitos en mi jardín, refuerzo esta idea de visitar algunos estados para ir cultivándolos poco a poco, nada es tan definitivo, todo fluye, todo pasa, todo gira… así como cada persona tiene a alguien a quien podría perdonar, claramente, yo también puedo ser aquella persona difícil de perdonar para alguien más, o inclusive para mí. En un mundo de subjetividades y relaciones complejas, no es posible nunca dañar a nadie, por lo que siento ha llegado el momento de pedir y pedirme perdón.

Me alivia pensar y sentir que visitar el perdón no me obliga a la reconciliación, que el amor implica poner límites que incluyan el respeto. Aunque a veces, en situaciones de daño intrafamiliar, más sagrado que las familias, son los vínculos que se tejen con cuidado y amor, aunque no impliquen un lazo sanguíneo.  Igualmente, creo que es posible visitar el perdón, pero esta visita, no obliga a reconciliarse con quien ha dañado. Más bien, creo que es posible buscar paz para el propio corazón, lo que entrega libertad para cortar vínculos biológicos, cuando estos son dañinos. Es por eso, para perdonar, primero es necesario sentir la necesidad de liberarse del dolor que implica albergar la rabia de la injusticia experimentada.  Además, tal como nos sugiere Deborah Lee, es necesario visibilizar que cuando hemos sido dañados por situaciones traumáticas, los derechos humanos han sido violados, y que el sufrir ese horror no es culpa de la persona afectada; así como también una mente traumatizada tiende a tomar opciones traumatizadas, por lo que no se trata de perdonar o no perdonar.  

Finalmente, creo que cada persona es libre para elegir el momento de perdonar y perdonarse, e incluso a veces, el no perdonar.


[1] María Cecilia Barrientos Urra, Psicóloga especialista en terapia de familias y pareja, especialista en temas de género y discapacidad.



* Lorena Gacitúa Cortez. Psicóloga, Máster en Salud Mental Infanto Juvenil (University College London), Diplomada en Estudios de Género y Sociedad, Diplomada en Psicología Forense, Diplomada en Psicología Positiva, actualmente profundizando en la terapia centrada en la compasión con base en mindfulness (CFT). 




[eng] Daniela López and Francisca Millán - Women's legal defense: care, feminism and human rights

Love, feminism and reinvention are the three words that evoke the formation of the law firm AML Defensa de Mujeres. It all starts in 2018, when Daniela López and who writes, Francisca Millán, we were, at that time, in an incipient love relationship, in which each of us lived in a different region of Chile: she was from Valparaíso and I was from the Maule region. In that context, we came to live in Santiago and found ourselves with a lack of labor source, which, necessarily, made us get creative.

Both of us had been participating for many years, and up to that moment, in feminist activism. Also in social movements and politics. So we were very aware of what the feminist needs were within the legal world. 

The need to devise a plan to address the complex labor landscape for lawyers, together with the growing feminist tide -which, in 2018, inserted in the public agenda the incorporation of a gender perspective in all areas of life- led us to take our own violet glasses to undertake concrete actions in the face of the almost null feminist gaze within the conservative world of law.
 
The journey, initially, was stealthy and pervaded by a mixture of feelings, among them fear and expectation of how this proposal for a feminist law firm would be received in the judicial field. Considering that the application of a gender perspective posed a paradigm shift to the traditional ways of dealing, until then, with criminal and family law, for example.

In this way, the possibility arose of initiating litigation of cases that required a gender perspective for their processing, since in the absence of special treatment in the current legislation, these cases had historically been ruled against the victims of gender violence.

Today, active participation in feminism has become an issue in our favor, as it has allowed us to understand the phenomenon through which the women we represent go through, beyond the judicial sphere. That is, taking the unequal reality that women face during their lives. This in turn has allowed us, little by little, to permeate these traditional, conservative and androcentric spaces -such as the administration of justice- with this idea of material equality.
 
The work of the feminist law firm AML Defensa de Mujeres has been well received by the judiciary, in general, and also by women in need of representation, who until now had not found anyone who effectively understood the phenomenon they were facing. 

A bet that moves away from the traditional relationship of subordination with those who are represented, since we work side by side with respect to all the needs that are expressed, which allows us to contribute to the reparation of the violence experienced.
 
We transfer our feminist struggle to the law, to access to justice for women, creating precedents with a gender perspective in the courts because we refuse to renounce state justice and because we all have the right to enjoy material and formal equality before the law. 

We want aggressors to stop finding in justice a new way to harm their victims; we want justice to understand that if a man is capable of threatening the life of a woman mother, who is the primary caregiver of his children, he will never be a good father.

We have lawyers who are fully prepared in Human Rights and Gender, litigating in the various areas of law, so that inequality and the subordination of women in society and in the courts of justice, do not continue to be legitimized.

With landmark rulings such as the case of Daniela Pierre (a woman who recovered her children after they were taken from her in an irregular procedure and without translation support, which set an important precedent in relation to the treatment given by the justice system and the Chilean State to the migrant population), we have been consolidating, articulating and integrating spaces that have allowed us to make our work visible. This, not only to make ourselves known, but also as a recognition of the importance of actively maintaining the discussions of gender stereotypes that are present in the public space.

Along the same lines, we realize that, for a law firm that litigates strategically in human rights matters, the communications area is a fundamental area for the purpose of making visible the inequality that we denounce on a daily basis. That is why our first hires were women communicators. 
 
We incorporated gender logics and feminist principles, not only in the processing of our cases -which by now have been extended to other areas of law such as administrative, labor and constitutional law- but also in the way our team works by hiring only women workers. 
 
Paradoxically, this has meant the development of a different way of operating internally that has allowed us to escape from the logic that prevails today in the labor world, which has to do with high levels of exploitation and precariousness.
 
We strive to provide a fair, dignified and fairly equal payment among our partners and lawyers, as well as with the different workers of our firm. 
 
Changing these relational logics has also allowed us to operate from containment and closeness. Through these actions we vindicate the idea that the personal is political, therefore, everything that happens in the personal area of the lives of our workers, and of ourselves, is also part of the work space. 
 
In practice, this has allowed us to have safe spaces, free of violence, with a working week from Monday to Thursday. In short, we have a team of women who make it possible for AML Defensa de Mujeres to exist, with such a level of commitment. Working for the defense of women's rights in Chile is an exhausting task, full of moments of pain, anger and impotence. But, from time to time, there are victories that make it all worthwhile. Let's go for more!



* Daniela López is a feminist lawyer and founding partner of the law firm AML Defensa de Mujeres. fb @AML.DefensadeMujeres ig @amldefensademujeres tw @AmlDefensa.

* Francisca Millán is a feminist lawyer, specialized in Human Rights and Gender, and founding partner of the law firm AML Defensa de Mujeres. fb @AML.DefensadeMujeres ig @amldefensademujeres tw @AmlDefensa.



[1] Translated from the Spanish by Andrea Balart-Perrier.




[fr] Daniela López et Francisca Millán - La défense juridique des femmes : attention à l’autre, féminisme et droits humains

Amour, féminisme et réinvention sont les trois mots qui évoquent la formation du cabinet d'avocates AML Defensa de Mujeres [Défense des droits des femmes]. Tout commence en 2018, lorsque Daniela López et qui écrit, Francisca Millán, nous étions, à l'époque, dans une relation amoureuse naissante, dans laquelle chacun de nous vivait dans une région différente du Chili : elle était de Valparaíso et moi de la région de Maule. Dans ce contexte, nous sommes venus vivre à Santiago et nous nous sommes retrouvés avec un manque de source de travail, ce qui, nécessairement, nous a poussés à être créatives.

Nous participions toutes deux depuis de nombreuses années, et jusqu'à ce moment-là, à l'activisme féministe. Ainsi que dans les mouvements sociaux et la politique. Nous étions donc très conscientes des besoins féministes dans le monde juridique. 

La nécessité de concevoir un plan pour faire face au paysage complexe du travail pour les avocats, ainsi que la marée féministe croissante -qui, en 2018, a inséré dans l'agenda public l'incorporation d'une perspective de genre dans tous les domaines de la vie- nous a conduit à prendre nos propres lunettes violettes pour entreprendre des actions concrètes face au regard féministe presque nul au sein du monde conservateur du droit.
 
Le voyage, au début, a été furtif et imprégné d'un mélange de sentiments, parmi lesquels la peur et l'attente de la façon dont cette proposition de cabinet féministe serait reçue dans le domaine judiciaire. Considérant que l'application d'une perspective de genre représentait un changement de paradigme par rapport aux manières traditionnelles de traiter, jusqu'alors, le droit pénal et le droit de la famille, par exemple.

De cette façon, la possibilité s'est présentée d'initier le contentieux des affaires dont le traitement exigeait une perspective de genre, puisque, en l'absence de traitement spécial dans la législation en vigueur, ces affaires avaient historiquement été jugées contre les victimes de la violence de genre.

Aujourd'hui, la participation active dans le féminisme est devenue un enjeu en notre faveur, car elle nous a permis de comprendre le phénomène par lequel passent les femmes que nous représentons, au-delà de la sphère judiciaire. C'est-à-dire de prendre en compte la réalité inégale à laquelle les femmes sont confrontées au cours de leur vie. Cela nous a permis, petit à petit, d'imprégner ces espaces traditionnels, conservateurs et androcentriques -comme l'administration de la justice- de cette idée d'égalité matérielle.
 
Le travail du cabinet féministe AML Defensa de Mujeres a été bien accueilli par le pouvoir judiciaire, en général, et aussi par les femmes ayant besoin d'être représentées, qui jusqu'à présent n'avaient trouvé personne qui comprenait effectivement le phénomène auquel elles étaient confrontées.

Un pari qui s'éloigne de la relation traditionnelle de subordination avec les personnes représentées, puisque nous travaillons côte à côte par rapport à tous les besoins qui sont exprimés, ce qui nous permet de contribuer à la réparation de la violence vécue.
 
Nous transférons notre lutte féministe au droit, à l'accès à la justice pour les femmes, en créant des précédents avec une perspective de genre dans les tribunaux parce que nous refusons de renoncer à la justice de l'État et parce que nous avons toutes le droit de jouir de l'égalité matérielle et formelle devant la loi. 

Nous voulons que les agresseurs cessent de trouver dans la justice une nouvelle façon de nuire à leurs victimes ; nous voulons que la justice comprenne que si un homme est capable de menacer la vie d'une femme mère, qui est la principale pourvoyeuse de soins de ses enfants, il ne sera jamais un bon père.

Nous avons des avocates parfaitement préparées aux droits humains et à l'égalité des genres, qui plaident dans les différents domaines du droit, afin que l'inégalité et la subordination des femmes dans la société et dans les cours de justice ne continuent pas à être légitimées.

Avec des jugements marquants comme celui de Daniela Pierre (une femme qui a récupéré ses enfants après qu'ils lui aient été retirés dans le cadre d'une procédure irrégulière et sans l'aide d'un traducteur, ce qui a créé un précédent important en ce qui concerne le traitement réservé par le système judiciaire et l'État chilien à la population migrante), nous avons consolidé, articulé et intégré des espaces qui nous ont permis de rendre notre travail visible. Ceci, non seulement pour nous faire connaître, mais aussi comme une reconnaissance de l'importance de maintenir activement les discussions sur les stéréotypes de genre qui sont présents dans l'espace public.

Dans le même ordre d'idées, nous sommes conscientes que, pour un cabinet d'avocates qui plaide stratégiquement en matière des droits humains, le domaine de la communication est un domaine fondamental pour rendre visible l'inégalité que nous dénonçons au quotidien. C'est pourquoi nos premiers recrutements ont été des femmes communicatrices. 
 
Nous avons intégré les logiques de genre et les principes féministes, non seulement dans le traitement de nos dossiers -qui se sont étendus à d'autres domaines du droit tels que le droit administratif, le droit du travail et le droit constitutionnel- mais aussi dans la façon de travailler de notre équipe en n'engageant que des femmes. 
 
Paradoxalement, cela a signifié le développement d'un mode de fonctionnement différent à l’intérieur du cabinet qui nous a permis d'échapper à la logique qui prévaut aujourd'hui dans le monde du travail et qui est liée à des niveaux élevés d'exploitation et de précarité.
 
Nous nous efforçons d'assurer une rémunération juste, digne et équitable entre nos associées et avocates, ainsi qu'avec les différentes travailleuses de notre cabinet. 
 
Le changement de ces logiques relationnelles nous a également permis de fonctionner à partir de l’attention à l’autre et de la proximité entre nous. Par ces actions, nous défendons l'idée que le personnel est politique et que, par conséquent, tout ce qui se passe dans la sphère personnelle de nos travailleuses et de nous-mêmes fait également partie de l'espace de travail. 
 
Dans la pratique, cela nous a permis d'avoir des espaces sûrs, sans violence, avec une semaine de travail du lundi au jeudi. En bref, nous avons une équipe de femmes qui rendent possible l'existence -avec un tel niveau d'engagement- d'AML Defensa de Mujeres. Travailler pour la défense des droits des femmes au Chili est une tâche épuisante, pleine de moments de douleur, de colère et d'impuissance. Mais, de temps en temps, il y a des victoires qui font que tout cela vaut la peine. Allons-y pour plus !



* Daniela López est une avocate féministe et associée fondatrice du cabinet d'avocates AML Defensa de Mujeres. fb @AML.DefensadeMujeres ig @amldefensademujeres tw @AmlDefensa.

* Francisca Millán est une avocate féministe, spécialisée dans les droits humains et le genre, et associée fondatrice du cabinet d'avocates AML Defensa de Mujeres. fb @AML.DefensadeMujeres ig @amldefensademujeres tw @AmlDefensa.



[1] Traduit de l’espagnol par Andrea Balart-Perrier.




[esp] Daniela López y Francisca Millán - Defensa jurídica de mujeres: cuidado, feminismo y derechos humanos

Amor, feminismo y reinvención son las tres palabras que evocan la formación del estudio jurídico AML Defensa de Mujeres. Todo parte en el año 2018, cuando Daniela López y quién escribe, Francisca Millán, nos encontrábamos, en ese entonces, en una incipiente relación amorosa, en la que cada una vivía en una región distinta de Chile: ella era de Valparaíso y yo de la región del Maule. En ese contexto, vinimos a vivir a Santiago y nos encontramos con una falta de fuente laboral, que, necesariamente, hizo que nos pusiéramos creativas.

Ambas llevábamos participando durante muchos años, y hasta ese momento, en el activismo feminista. También en los movimientos sociales y en política. Por tanto, estábamos muy conscientes en relación a cuáles eran las necesidades feministas dentro del mundo del derecho. 

La necesidad de idear un plan para enfrentar el complejo panorama laboral para las y los abogados, junto con la creciente marea feminista –que, en 2018, insertó en la agenda pública la incorporación de una perspectiva de género en todos los ámbitos de la vida– nos llevó a tomar nuestras propias gafas violeta para emprender acciones concretas ante la casi nula mirada feminista dentro del conservador mundo de la abogacía.
 
El recorrido, inicialmente, fue sigiloso y estuvo invadido por una mezcla de sentimientos, entre ellos miedo y expectación de cómo sería recibida en el espacio judicial esta propuesta de estudio jurídico feminista. Considerando que la aplicación de una perspectiva de género planteó un cambio de paradigma a las tradicionales formas de enfrentar, hasta entonces, el derecho penal y de familia, por ejemplo.

En ese camino, surgió la posibilidad de iniciar litigaciones de causas que requerían de una perspectiva de género para su tramitación, ya que ante la falta de tratamiento especial de la legislación actual, estas causas, históricamente, habían sido falladas en contra de las víctimas de violencia de género.  
 
Hoy, la participación activa en el feminismo se ha vuelto una cuestión a nuestro favor, en tanto nos ha permitido entender el fenómeno por el cual atraviesan nuestras representadas, más allá de lo judicial. Es decir, llevando la desigual realidad que enfrentan las mujeres durante su vida. Lo que a su vez nos ha permitido, poco a poco, ir permeando en estos espacios tradicionales, conservadores y androcéntricos -como lo es la administración de justicia- esta idea de igualdad material.
 
El trabajo del estudio jurídico feminista AML Defensa de Mujeres ha tenido una buena recepción por parte de la judicatura, en general, y también respecto de las mujeres que requieren representación, quienes hasta ahora no habían encontrado quien entendiera efectivamente el fenómeno ante el cual se encontraban. 

Una apuesta que se aleja de la tradicional relación de subordinación con quienes son representados, ya que trabajamos codo a codo respecto de todas las necesidades que son manifestadas, lo que nos permite aportar en la reparación a la violencia vivida.
 
Trasladamos nuestra lucha feminista al derecho, al acceso a la justicia para las mujeres, gestando precedentes con perspectiva de género en tribunales porque nos rehusamos a renunciar a la justicia estatal y porque todas tenemos derecho a gozar de igualdad material y formal ante la ley. 

Buscamos que los agresores dejen de encontrar en la justicia una nueva forma de dañar a sus víctimas; que la justicia comprenda que si un hombre es capaz de atentar contra la vida de la mujer madre que es la cuidadora principal de sus hijos, jamás va a ser un buen padre.

Contamos con abogadas absolutamente preparadas en Derechos Humanos y Género, litigando en las diversas áreas del derecho, con el fin de que no se siga legitimando la desigualdad y la subordinación de las mujeres en la sociedad y en los tribunales.

Con fallos históricos como fue el caso de Daniela Pierre (mujer que recuperó a sus hijos luego de que se los arrebataran en un procedimiento irregular y sin apoyo de traducción, que marcó un precedente importante en relación al trato que le da la justicia y el Estado chileno a la población migrante), nos fuimos consolidando, articulando, y fuimos integrando espacios que nos han permitido visibilizar nuestro trabajo. Esto, no solo para darnos a conocer, sino también como un reconocimiento a la importancia de mantener activamente las discusiones de estereotipos de género que están presentes en el espacio público. 
 
En esa misma línea, nos damos cuenta de que, para un estudio jurídico que litiga estratégicamente en materias de derechos humanos, el área de comunicaciones es un área fundamental para efectos de visibilizar la desigualdad que nosotras denunciamos cotidianamente. Por eso, nuestras primeras contrataciones fueron comunicadoras. 
 
Incorporamos las lógicas de género y los principios feministas, no solo en la tramitación de nuestras causas -que a estas alturas se han ampliado a otras áreas del derecho como lo son el administrativo, el laboral y el constitucional- sino que también a la forma de trabajar de nuestro equipo a través de la contratación de trabajadoras mujeres solamente. 
 
Paradigmáticamente, esto ha significado el desarrollo de una forma distinta de operar internamente que nos ha permitido salir de las lógicas que hoy en día imperan en el mundo laboral, que tiene que ver con altos grados de explotación y precarización.
 
Nos esforzamos por entregar un pago justo, digno y bastante igualitario entre quienes somos las socias y abogadas y así como también con las distintas trabajadoras de nuestro estudio. 
 
Cambiar estas lógicas relacionales nos ha permitido, adicionalmente, operar desde la contención y la cercanía. Por medio de estas acciones reivindicamos la idea de que lo personal es político, por tanto, todo aquello que pasa en el área personal de la vida de nuestras trabajadoras, y de nosotras mismas, es parte también del espacio laboral. 
 
En la práctica, esto nos ha permitido tener espacios seguros, libres de violencia, con una jornada laboral de lunes a jueves. En definitiva, contar con un equipo humano, de mujeres, que hacen posible que exista -con tal nivel de compromiso- AML Defensa de Mujeres. Trabajar por la defensa de los derechos de las mujeres en Chile, es una labor desgastante, llena de momentos de dolor, de rabia e impotencia. Pero, de vez en cuando, hay victorias que hacen que todo valga la pena. ¡Vamos por más!



* Daniela López es abogada feminista y socia fundadora del estudio jurídico AML Defensa de Mujeres. fb @AML.DefensadeMujeres ig @amldefensademujeres tw @AmlDefensa.

* Francisca Millán es abogada feminista, especializada en Derechos Humanos y Género, y socia fundadora del estudio jurídico AML Defensa de Mujeres. fb @AML.DefensadeMujeres ig @amldefensademujeres tw @AmlDefensa.




[esp] Andrea Balart-Perrier - We live in the gaps between the stories

Mi fallecido abuelo materno gustaba de tocar a las niñas. Lo que hoy llamaríamos en buen castellano, un pedocriminal. Lamentablemente no era ni es el único: (1 de cada 5 niños y niñas es víctima de violencia sexual en Europa). Sus zarpazos no llegaron hasta mí, afortunadamente. Supe de su criminal inclinación a mis 34 años, mi abuela apenas supo, me llamó a Francia para decirme: quiero contarte algo, para que no digas después que nadie te dijo. Un gesto a todas luces difícil, lo que da cuenta de la nobleza transparente de su alma. (Por supuesto todos quienes necesitaron apoyo lo obtuvieron, de parte de todos los sorprendidos con la noticia). Yo adoraba a mi abuela, lástima que un día haya que irse. Ella partió un día 3 de agosto al amanecer, hace 5 años. Yo sostenía su mano tibia en un hospital en Viladecans, Barcelona. Luego de 4 días y noches sentada a su lado, mientras ella se despedía de esta tierra y de sus alegres días. Un poco antes de dejar de respirar me dijo que escuchaba un minueto, y luego me preguntó si yo era un ángel que venía a buscarla, atisbos mágicos hasta el final (imagino que la morfina agregó lo suyo). Qué impresionante mujer que era. Estar con ella era un placer exquisito, ese humor negro que todo lo rozaba, irónica, llegamos una vez a caernos al suelo de la risa, en un restaurant de tango en Buenos Aires, en que el anfitrión se puso a cantar y entremedio dar peroratas y saludar a la concurrencia, un espectáculo rarísimo, que nadie parecía encontrar divertido, sólo nosotras. Mi mamá nos rogaba que disimuláramos, pero el asunto era grotesco, demasiado hilarante como para pasarlo por alto. Nos escondimos debajo de la mesa, fue el último recurso. 

Mi abuela quería estudiar derecho, lo que no pudo hacer porque en su tiempo esas cosas no se hacían. Lástima. Digámoslo bien, se hacían, pero no para las mujeres, o no todas, o no siempre, o nunca. El asunto es que no pudo cumplir su sueño. Habría sido una abogada fantástica, no hay dudas, como todo lo que hacía, siempre con inteligencia y bondad. Yo quise estudiar derecho y esas cosas a esas alturas ya se hacían, o al menos yo sí pude hacerlo. Tampoco era algo que todas las mujeres que querían hacerlo podían, como tampoco pueden ahora. Entré a esa facultad de derecho porque quería luchar por la justicia (hubo años en que consideré algo ingenuo el impulso inicial, pero ya no). Quería específicamente defender los derechos humanos. Ya estando en la universidad se inscribió de manera fija en mi cabeza la idea de defender los derechos de los niños y niñas, entrar a UNICEF, hacer lo más posible por esta causa. Es fantástico como la motivación por las decisiones y caminos que tomamos tienen a veces su destino escrito y su fuerza secreta en situaciones que no conocemos a veces conscientemente. Pero ahí están. Se me ocurre ahora que las vibraciones de los lugares, las familias, las historias, están en nosotros, nos van moldeando aunque no podamos reconocerlo directamente. Somos los silencios de nuestros antepasados. Las acciones de nuestros entornos, aun escondidas. La percepción que como esponja curiosa absorbe, para bien y para mal, lo que se respira, lo que se intuye, percibe, lo incomprensible, la fuerza críptica y lo desaparecido, lo difuso, lo muerto, y la esencia de la vida y el amor definitivo. Todo eso nos llega en forma de intuición y destino.

En el espacio sagrado de la escritura, al igual que en la vida, se encuentran las historias, se iluminan entre ellas y adquieren sentido. Me doy cuenta ahora que el germen del feminismo estaba ya en mí, por mi madre y mi abuela, ambas siempre autónomas, trabajadoras, auténticas y libres, siempre luchando por sus compromisos con la verdad. Somos también las voces de nuestros antepasados. Lo que sí dijeron. Lo que dicen. En los espacios de intimidad está la fuerza, como las cinco integrantes de la familia March junto a la chimenea encendida en la casa de Mujercitas de Louisa May Alcott, como el calor humano del que habla Christine & The Queens, o como la frase del armario de El cuento de la criada de Margaret Atwood, la protagonista expresa: Me gusta reflexionar sobre este mensaje. Me gusta pensar que me comunico con ella, con esta mujer desconocida. Porque es desconocida; y, si es conocida, nunca me la mencionaron. Me gusta saber que su mensaje tabú ha logrado perdurar al menos para que lo viera otra persona y que, aunque escondido en la pared de mi armario, yo abrí la puerta y lo leí. A veces repito las palabras para mis adentros. Me proporcionan un pequeño gozo. Cuando imagino a la mujer que las escribió, pienso que tiene aproximadamente mi edad, quizá un poco más joven. La identifico con mi amiga, tal como era ella cuando iba a la universidad y ocupaba la habitación contigua a la mía: ocurrente, vivaz, atlética, montada en una bicicleta y con una mochila a la espalda, lista para salir de excusión. Pecosa, creo; irreverente e ingeniosa.

Estamos siempre entre historias, entre palabras, desde que comencé a conocer a mujeres feministas, más explícitamente feministas quiero decir, muchas de las cuales puedo hoy llamar amigas, vivo entre nuevas historias que me ilustran, me acompañan, me iluminan. Lo mejor del feminismo es que es un lugar para quedarse, para estar, para entender, un lugar para compartir. Vivimos en los espacios en blanco de los bordes. Nos da más libertad. Vivimos en los espacios entre las historias, como dijo Margaret Atwood. Quise un día luchar por la justicia, pero obtuve mucho más. Eso es la literatura que hace su parte. El activismo es, en definitiva, un espacio de amor, igual que la literatura. Y el feminismo se nutre de todo esto, y crea sus historias, entrelazadas. Una revista feminista es un conjunto de historias entrelazadas. De voces y de silencios. Quizá por romperse, o no. Un conjunto de márgenes, de espacios en los bordes, de historias entre los espacios. Probablemente buscaba algo, como todo el mundo, algo que se mostraba muy tímidamente en las organizaciones, y sí encontré de manera muy nítida en el activismo. Así como también lo encontré en la literatura. Ahí están las historias. Ahí me despedí de mi abuelo, ahí volví a encontrarme con mi abuela, ahí me encuentro con mi madre, con mis amigas, con las mujeres que me rodean, con los hombres que me rodean, que al final es lo mismo. Las historias las tenemos todos. Estamos compuestos por ellas. Evidentemente, he aprendido de mis padres, de mis hermanos, de todos quienes me rodean. Quien piense que el feminismo excluye a los hombres, puede saber lo siguiente: no es cierto. Mejor ver lo que hay: historias unidas entre los espacios para todos y todas. El feminismo no quiere excluir a nadie, faltaría más, quiere incluir. Quiere asimismo poner más atención simplemente en los distintos componentes que crean una cierta historia. Quiere acercarse más a los protagonistas. Quiere que todos y todas pueden ser protagonistas. Porque a veces, por combinaciones de circunstancias aleatorias, nos condenan a ser personajes secundarios de nuestras propias películas. A veces te relegan a ese rol. ¡Qué aburrido e injusto! Trabajaste tanto en tu papel. Apenas quedaste contratado para estar en un rincón en una mesa de extra. Entonces el feminismo toma todas esas voces y esos silencios que determinaron tu genealogía y los convierte en creatividad al identificarlos. La noción de privilegio es muy importante a tener en cuenta, y también la noción de responsabilidad. Reconocerlas, actuar, decir, reparar, solidarizar. Tuve suerte, no me tocaron cuando era niña –en un sentido sin afecto-, pero 1 de cada 5 niños y niñas, son muchos de los niños que cruzamos por la calle cada día. También somos eso, también nos tocaron, porque estamos compuestos de nuestras propias historias, pero que están construidas codo a codo con las de los demás. En los espacios sagrados de intimidad, también tenemos que dar cuenta. Dejar de lado a veces las historias, y ver la no-ficción, que viene a buscarnos, como el ángel que tal vez nos espera para llevarnos en el momento de la muerte. El feminismo es la ficción, y la no-ficción, esperándote en el escritorio, cuando cierras la puerta, esquivando la conciencia de tu propia extinción que se avecina. Como dijo Simone de Beauvoir, el escándalo de su futuro aniquilamiento. A la memoria de mis abuelos, hablo, los cuatro ya instalados en el oriente eterno, no los voy a perdonar a todos, agradeceré a algunos –a tres-, pero sobre todo, no olvido de dónde vengo, ni a dónde voy, y quizá se pueda cambiar (los espacios en) la historia.   



* Andrea Balart-Perrier es escritora y abogada de derechos humanos. Activista feminista, cofundadora, codirectora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal, y traductora (fr-eng-esp). Nació en Santiago de Chile y vive en Lyon, Francia.




[esp] Constanza Carlesi - La matria

En mi patria, no había matria, porque mi patre era pobre. Y no de plata, sino de matria, igual que todo patre que le pega a la matre, hasta que mata a la matria. Y cree que por ser patria, la matre natruraleza se olvida de sus hijastros e hijastras. Ancestralmente cuando las matres eran de la matria, no había patria, los patres y las matres eran diferentes. Tran, pero tran diferentres que yo jamás podría explicar cómo fue realmente el matriarcado, porque no lo viví, y porque está ultra, ultra, ultra borrado de nuestra memoria. 

De aquí en adelante, nos queda una larga aventrura… con muchos obstráculos, unos muy difíciles y otros no tanto. Así son las aventruras, te caes, te rasmillas, cojeas, sudas, algunos mueren, otros sobreviven, así son las batrallas:

¡Ni la pinta, ni la niña, ni la santa María! ¡Ni la pinta, ni la niña, ni la santa María! Ni Bernardo, ni Arturo, ni el gil de Cristóbal, ni el Adolfo, ni Napoleón, ni ningún otro hueón! A los otros ni los nombro, me los trago con asco, no son pocos, ni son muchos, son menos que nosotras, ¡menos que nosotras! ¡menos que nosotras! ¡menos que nosotras! ¡menos que nosotras! ¡menos que nosotras! ¡menos que nosotras!

(SILENCIO BREVE).

No soy feminista, o tal vez sí un poco, pero los hechos lo demuestran de verdad: todos, pero todos, todos, todos, todos: fueron hombres.


Fragmento de la obra de teatro “La isla de los lobos”.
(Representada por la Compañía Bureo Teatro en Valparaíso, Chile 2016)



* Constanza Carlesi Del Río (Santiago, Chile, 1985). Poeta, actriz, dramaturga y crítica teatral. Co-fundadora de GESTA, Festival de teatro porteño de mujeres (2014). Máster en Estudios hispánicos avanzados, Universitat de València (2016). 
La Estratega (Petit Editor, 2017) es su poemario firmado como La Conirina. 
Radicada en Francia, publica Carmesí Delirio (Printcolor, 2020).




[fr] Judith Wiart - Femmes, Je Vous Aime

Le directeur de l’association artistique me dit : « Et dans mon équipe, il y aura essentiellement des femmes. »
 
- Ah bon ? Pourquoi ?
 
- Parce que je veux valoriser les femmes, les rendre plus visibles.
 
- Ah.
 
- Oui, les femmes apporteront une autre vision, elles ont un rapport au monde différent, plus sensible.
 
- Ah ? Les femmes ont un rapport au monde plus sensible ?
 
- Oui, c’est sûr. Et le rapport au pouvoir est différent aussi.
 
- Vous pensez que dans une équipe essentiellement féminine les rapports de pouvoir seront atténués ?
 
- Oui, bien sûr.
 
- Vous êtes sérieux ?
 
- Pardon ?
 
- Non, rien.
 
- Vous n’avez pas l’air convaincue. Vous ne croyez pas à la discrimination positive ? A la parité ? Aux quotas ?
 
- Oui... et non.
 
- Comment ça ? Mais vous n’avez pas confiance dans « la femme » ?
 
- Autant que dans « l’homme » : je crois en l’individu responsable. Et en la mixité à tous les niveaux, sur tous les plans. Si vous donnez le pouvoir à un groupe quel qu’il soit, les mêmes mécanismes se mettent en branle, ce n’est pas une question de genre.
 
- Hé bien moi, je suis féministe, je soutiens la lutte des femmes. Vous devriez être reconnaissante !
 
- Pas sûre qu’elles vous aient demandé quelque chose. Mais ça part d’une bonne intention. C’est gentil de votre part.
 
- Vous vous foutez de moi ?
 
- Non, cela ne se peut. Les femmes sont des êtres sensibles et sans malice.
 
- Bien, je crois qu’on va s’arrêter là.
 
- Vous ne me voulez pas dans votre harem finalement ?
 
- MON ASSOCIATION ARTISTIQUE !
 
- Oui, pardon, je suis confuse, je m'emmêle encore les pinceaux, quelle gourde je suis...



* Judith Wiart vit à Lyon. Elle co-gère la revue musico-littéraire N.A.W.A, publie dans des webzines et participe à des lectures publiques et radiophoniques. Elle a co-écrit et publié un recueil intitulé Ping-pong, texte & photo avec l’auteure et artiste Judith Lesur en janvier 2020. Le jour où la dernière Clodette est morte a paru aux éditions Le Clos-Jouve en mai 2020.




© Judith Wiart.




[esp] Paula Castiglioni - Alena y los escarabajos

    Una mañana, Alena quiso levantarse y no pudo. Estiró sus extremidades, intentó ladear el cuerpo, que de pronto le resultó enorme, y terminó agotada. Apenas logró agarrar un espejo que reposaba sobre la mesa de luz.
    Su piel se había tornado rosada y frágil, con pequeñas grietas y erupciones que le daban un aspecto casi extraterrestre. Las telarañas rojizas se extendían por toda su cabeza.
    Cada vez que se despierta, la pesadilla se repite.
  ¿Acaso no estaba recién con Franco en Viena? Él había enredado sus dedos entre su largo cabello azabache y le había regalado un beso húmedo y dulce.
    Alena arruga la nariz.
  Esa peste no es la basura quemada en la planta de Hundertwasser. Se inclina levemente y logra divisar por el parquet unos pañales sucios.
    Qué asco. La enfermera dice que no le corresponde fregar. Se remite a inyectarle una bomba opiácea una vez al día. ¿Y Franco? Limpia cuando se acuerda. Y se acuerda bastante poco.
    Un escarabajo camina entre las telas embarradas de mierda. En otros tiempos, Alena habría pegado un grito. Ahora siente curiosidad por esa criatura que viene a hacerle compañía. 
    —Qué feo lugar para pasear, amiguito.
    El cascarudo agacha su cabeza charolada. Se trata de un escarabajo pelotero. Después de tantos años de enseñar historia, su fisonomía le es familiar. Para los antiguos egipcios era símbolo de la resurrección. Sin embargo, Alena no lo encuentra para nada especial, solo ve a un bicho que busca estiércol para depositar sus huevos.
    Con gran esfuerzo, extiende un brazo edematoso y el escarabajo retrocede. Ella saca un pedacito de caca de un pañal y forma pequeñas esferas. Luego se hace la dormida. De reojo, observa cómo el insecto se acerca con cautela y empuja cada bola hacia su guarida bajo la cama.
    Alena dejó la clínica hace poco. La doctora admitió que no quedaba mucho más por hacer. La metástasis le había ganado a los químicos y solo se podía esperar.
    ¿Esperar qué? ¿La muerte, un milagro, una larga agonía? Fue muy fácil despacharla, con la idea de que iba a pasar sus últimos días en la tranquilidad de su hogar.
    Su casa estaba mugrienta y desordenada. Apenas llegaron, Franco la arrastró hasta el cuarto de servicio y ahí quedó confinada, como si fuera un trasto viejo que da lástima tirar.
    El tiempo se vuelve de chicle hasta la llegada de su marido. Entra con un portazo, tira el saco sobre una silla y abre la heladera. Saca algo para picar, como cada tarde. ¿Pero esos taconeos? ¿Quién cuchichea? Unas risas cómplices se clavan como mil alfileres en su corazón. Los murmullos se trasladan a la cama matrimonial.
    Quizá ya esté muerta.
    Deja que broten las lágrimas.
    Ya a la noche, Franco aparece cabizbajo en su habitación. Recoge la basura, desinfecta el piso y le deja un nuevo termo con sopa en la mesita de luz. 
    —¿Querés que te bañe?
    Alena agradece con sus labios resecos. Su esposo la toma en brazos, la desnuda con delicadeza y la ayuda a meterse en el agua tibia. El contacto con sus manos cálidas la estremecen, pero sabe que hasta ahí llega la intimidad.
    Sus ojos sin pestañas ni cejas suplican por un abrazo. Extraña dormir con él, tantearlo y recordar que es suyo. Sin embargo, Franco no desea a esa chancha pelada con olor a hospital. 
    —¿Vos necesitás estar con alguien?
    —Trabajo como una bestia, ¿pensás que me quedan ganas?
    —Es que me pareció…
    —Las drogas te hacen mal.
    Alena no responde. Franco la enjabona y le cepilla la espalda. Ella intenta ser feliz con estos pequeños momentos, pero le cuesta. La mentira duele más que la traición.
    El perro que ladra. La canilla que gotea. El camión de la basura. El chillido de los murciélagos. Sus oídos se afinan más y más en la madrugada. Quiere dormir, dormir para no despertar. Se siente un estorbo. No se reconoce en esa bola inflamada de corticoides y hormonas.
    La tristeza de Alena es infinita, azul, espiralada. Baja del cielo, atraviesa su pecho mutilado y se pierde en la tierra. Esa tierra que se confundirá con sus células para siempre.
    Le da miedo pensar en lo que vendrá. ¿Adónde irán sus pensamientos cuando ya no esté? ¿Alguien la recordará? ¿Franco le llevará flores al cementerio o cremará su cuerpo y arrojará las cenizas al inodoro?
    Se siente tan sola que hasta extraña la presencia del escarabajo pelotero. Al parecer, ni los bichos la quieren.
    En un momento, el cansancio le gana. Primero visualiza los trailers de sus posibles sueños. Después, elige lo que le gusta. Como si fueran películas on demand.
    Un cuerpo sano. Esa familia numerosa que no logró formar. Una segunda luna de miel. Una vida larga y feliz. Bien. Vuelve a entrarle la ropa. Ya no se asusta frente al espejo. Va a trabajar, hace las compras, cocina rico. Tiene orgasmos. Planifica vacaciones.
    Alena se queda sin aire y se despierta agitada. Ve todo oscuro, se sacude, intenta zafarse de ese peso que la sofoca. Tantea unos brazos peludos, los araña. Y la presión cesa.
    Franco intentó ahogarla con la almohada.
    Asustado de sí mismo, repta hasta un rincón y oculta la cara entre sus manos. Ella lo vigila con desconfianza. Él no cambia la postura, recién se levanta cuando suena el despertador.
    Ningún calmante puede contra la angustia de Alena. No se siente segura en su propia cama. Quisiera correr en busca de ayuda, pero está demasiado débil.
    Las horas transcurren lentas y pegajosas. Ya entrada la noche, escucha el portazo de su marido y se esconde bajo la sábana. Sin embargo, nadie se acerca a su dormitorio. Hay carcajadas. Taconeos. Descorchan una botella. Alguien pone cumbia. ¿Bailan? Pieles que chocan. Gemidos. La intrusa ya es la reina de la casa. 
    Los rasgos de Alena se desdibujan. Sus dedos se crispan. No hay más boca. No hay más nariz. No hay más ojos. El odio se apoderó de su cara.
    Por debajo de la cama surge un ejército de escarabajos peloteros. Papá cascarudo los guía hasta el cuerpo de Alena y tironean de sus brazos hasta que logra levantarse.
    Los bichos la ayudan a caminar. Llega a la sala. Franco y la enfermera roncan desnudos sobre la alfombra. Ella se desploma en el sofá y los observa en silencio. Le agarran náuseas.
    Un grupo de bichos baila en el aire hasta que se posa sobre la estufa apagada. Ya ni la usan, funciona mal. ¿O no tan mal? Agarra el vino recién abierto y hace fondo blanco.
    Abre la llave de gas. Que se pudra todo.
    El aire se torna pesado. Alena se marea y una avalancha de escarabajos la cubre por completo. Los insectos forman un torbellino y luego caen como una lluvia plateada.
La chancha pelada desapareció.
    Alena está perdida en un camisón gigante. Comprueba su imagen frente a un espejo y se emociona: volvió a tener pechos, su piel parece de porcelana y el cabello le llega a la cintura.
    Lanza un último vistazo sobre los cuerpos de Franco y la enfermera. Qué mal gusto con su amante, al menos la hubiera engañado con una más linda.
    Regresa hasta el sofá y se recuesta con elegancia. Se siente liviana, bella, radiante. No necesita a nadie más. Prende un cigarrillo y sonríe.
    Acaba de amanecer.
 


* Paula Castiglioni nació en Buenos Aires en 1984. Trabaja como productora y guionista en programas de investigación que se centran en temas policiales y sociales. “Pistoleros”, su primera novela, obtuvo el 17º Premio Internacional de Narrativa “Ignacio Manuel Altamirano”, otorgado por la Universidad Autónoma del Estado de México.