[esp] Piedad Esguep Nogués - Derecho de familia, psicología, mediación y acuerdos: una nueva mirada pacífica e interdisciplinaria de resolver los conflictos
[esp-fr] Winifer Ravelo – Sobre una piedra / Sur une pierre (trad. Daymar Toussaint)
[esp] Sobre una piedra
A todas las mujeres africanas que mueren atravesando el mediterráneo.
«Hay una constelación hirviendo adentro de la piedra». (Marosa di Giorgio).
Ha muerto la primavera,
estas olas furiosas están de luto
se golpean en sí en una masa imponente de agua,
en esta piedra que me sostiene,
siento la vibración de cada golpe
/cuando la mar respira
reúne las fuerzas necesarias
para golpearse a sí misma/
(la mar)
y mis pies que tocan la piedra,
tienen miedo —no al vigor del/ de la mar sino
a la desnudez mineral,
a la piedra sabia que lo contiene todo,
mis pies siguen ahí,
abiertos a la piedra,
escuchando el flujo de la furia,
cómo cada ola en su choque se comunica con la piedra.
Está naciendo el verano,
las aguas bajo las olas celebran,
el sol abre como una garganta la neutralidad del cielo,
hunde sus manos en las aguas
lleva alimentos extraños;
donde las edades del agua comunican a sus habitantes sobre la danza
luminosa.
El agua corta la piedra a través de las manos de la luna,
piedra consciente de la densidad, las edades y la vida
llueves, llueves, llueves
el vientre cálido del volcán,
la lengua del fuego durmiendo abajo de un río.
Pez libre huyes del mar
Pez libre huyes al viento
raíz del árbol, vena de la catarata
los ojos de la profundidad agitan azufre,
nutren a la bacteria,
relámpago quebrando.
El verano ha nacido
y el primer vestigio de sol agoniza al contacto con la madera,
madera protectora que sostienes razas cubiertas de esperanza,
el mediterráneo es una vena enloquecida
cantándole a los caídos, también agoniza la roca,
cántico oculto, el golpe del agua.
El agua choca con todos sus espíritus,
choca y parece morir cuando toca los pies de los desesperados.
El hambre es otra piedra que se hunde
y los cuerpos ante la mar son insólitos,
la columna de Hércules sostiene en sus vértebras el pánico,
la oscuridad de la boca hambrienta
los ojos de la mujer enarbolados en la profundidad
mezclados con el agua,
son cristales que rajan la mano de dios
Mujer unísona de otras voces,
mujer unísona cantando la muerte de las miles de mujeres desprotegidas,
tu cuerpo es un manifiesto invadido
que al caer a la mar se purifica
y las manos de la muerte acarician tu cuerpo,
reconstruyéndolo,
pero el mediterráneo es lo último que puede tocarte
porque tu transparencia besa a las aguas,
unísonas
y tu nombre olvidado por la historia
se transforma en el alimento de mil criaturas del océano,
todas las mujeres ofrendadas a la mar
están incrustadas en el corazón animal,
en el latido de órganos vegetales,
mujeres subsaharianas,
mujeres áfrica negra,
mujeres árabes,
mujeres mediterráneas,
mujeres las hijas de la guerra.
Mujeres mar,
úteros del descanso de la lluvia
la luz quebrada alimenta plantas ancestrales.
Ahora mis pies sienten su belleza,
la piedra metaboliza todos los procesos,
el choque de las olas en la piedra
es el unísono de las voces minerales.
* Winifer Ravelo (Caracas, Venezuela, 1994) es una poeta venezolana residenciada en Murcia, España. Su primer poemario, El insomnio de las plantas (LP5 Editora, 2021), explora los vínculos entre poesía, ciencia y corporalidad. «Sobre una piedra» nació de encuentros con personas migrantes africanas llegadas a España. El poema se adjudicó el tercer premio del 5° Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (Venezuela), correspondiente a la edición 2020.
[fr] Sur une pierre
À toutes les femmes africaines qui meurent en traversant la méditerranée.
« Il y a une constellation en ébullition à l'intérieur de la pierre » (Marosa di Giorgio, Uruguay)
Le printemps est mort,
ces vagues furieuses en deuil
se heurtent l'une à l'autre, en une masse d’eau imposante,
sur cette pierre qui me tient,
je sens la vibration de chaque coup
/quand la mer respire
rassemble la force nécessaire
pour se frapper elle-même/
(la mer)
et mes pieds qui touchent la pierre,
ont peur — non pas de la vigueur de la mer mais
de la nudité minérale,
de la pierre sage qui contient tout,
mes pieds sont toujours là,
ouverts à la pierre,
écoutant le flux de la fureur,
comment chaque vague dans son choc communique avec la pierre.
L’été s’annonce
les eaux sous les vagues célèbrent,
le soleil ouvre comme une gorge la neutralité du ciel,
plonge ses mains dans les eaux
porte d'étranges aliments ;
où les âges de l'eau communiquent à ses habitants la danse
lumineuse.
L'eau entaille la pierre à travers les mains de la lune,
pierre consciente de la densité, des âges et de la vie
tu pleus, tu pleus, tu pleus
le ventre chaud du volcan,
la langue du feu dormant sous un fleuve.
Poisson libre tu fuis la mer
Poisson libre tu fuis au vent
racine de l'arbre, veine de la cataracte
les yeux des profondeurs agitent le soufre,
nourrissent la bactérie,
éclair brisant.
L'été est né
et le premier signe du soleil agonise au contact du bois,
bois protecteur, toi qui soutiens des races couvertes d'espoir,
la méditerranée est une veine affolée
chantant aux tombés, agonise aussi le rocher,
chant inaudible, le coup de l'eau.
L'eau heurte avec tous ses esprits,
elle heurte et semble mourir lorsqu'elle touche les pieds des désespérés.
La faim est une autre pierre qui coule
et les corps devant la mer sont insolites,
la colonne d'Hercule porte la panique dans ses vertèbres,
l'obscurité de la bouche affamée
les yeux de la femme brandis dans les profondeurs
mêlés à l'eau,
sont des cristaux qui entaillent la main de dieu
Femme à l'unisson d'autres voix,
femme à l’unisson chantant la mort des milliers de femmes sans défense,
ton corps est un manifeste envahi
qui en tombant dans la mer se purifie
et les mains de la mort caressent ton corps,
le reconstruisant,
mais la méditerranée est la dernière chose qui puisse te toucher
parce que ta transparence embrasse les eaux,
à l'unisson
et ton nom oublié par l'histoire
se transforme en aliment de mille créatures de l'océan,
toutes les femmes offertes à la mer
sont incrustées dans le cœur animal,
dans le battement des organes végétaux,
femmes subsahariennes,
femmes afrique noire,
femmes arabes,
femmes méditerranéennes,
femmes les filles de la guerre.
Femmes mer,
utérus du repos de la pluie
la lumière brisée nourrit des plantes ancestrales.
Maintenant mes pieds ressentent sa beauté,
la pierre métabolise tous les processus,
le choc des vagues sur la pierre
est l'unisson des voix minérales.
* Winifer Ravelo (Caracas, Venezuela, 1994) est une poète vénézuélienne installée à Murcie, en Espagne. Son premier recueil, El insomnio de las plantas (LP5 Editora, 2021), explore les liens entre poésie, science et corporalité. « Sur une pierre » est né de rencontres avec des personnes migrantes africaines arrivées en Espagne. Il a remporté le troisième prix du 5e Concours national de jeune poésie « Rafael Cadenas » (Venezuela), édition 2020.
[1] Traduit de l’espagnol (Venezuela) par Daymar Toussaint.
* Daymar Toussaint (Venezuela). Poète, traductrice, collagiste et photographe amateure. Diplômée en Langues Étrangères Appliquées de l'Université Jean Moulin Lyon III. Titulaire d'un master recherche en Études Hispaniques (Lettres, Langues et Civilisations Étrangères) avec un travail sur la poésie de Yolanda Pantin. Membre du projet d’archives et de diffusion de poétesses vénézuéliennes #PoetasVenezolanas. Finaliste du 7e Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas et diplômée du Diplôme de Réflexion et de création poétique de la Fundación La Poeteca. Elle a participé à des revues littéraires telles que Aullido, Revue des Muses, Casapais, Letralia, Digo.palabrat.txt, Telúrica et à des espaces comme Escritores Cordillera ou Salsa picante, la revue du festival Les Reflets du Cinéma Ibérique et Latino-américain (Cinéma Le Zola, Villeurbanne).
@aleale.photos / @piedrapapel.o_tijeras / @poetasvenezolanas
© Iosune de Goñi
* Iosune de Goñi (1993) nació en Burlata, Euskal Herria, y actualmente vive cerca de allí, a los pies de una montaña. Ha estudiado los Grados en Filosofía y Estudios Ingleses, el Máster en Estudios Comparativos en Literatura, Arte y Pensamiento, y el Máster en Formación del Profesorado. También se ha formado como traductora y fotógrafa, y en este momento trabaja combinando ambas disciplinas con la escritura y la docencia literaria.
Como fotógrafa, ha participado en exposiciones individuales y colectivas, tanto en Euskal Herria como en el ámbito internacional. En 2020 publicó su primera obra híbrida entre foto-libro y poemario, Trenza roja, en coautoría con la escritora Inés Martínez. Desde entonces, ha seguido combinando textos e imágenes en recitales poéticos, talleres de escritura y fotografía, exposiciones híbridas y publicaciones que aúnan ambos lenguajes. Sus imágenes han aparecido en las cubiertas de varios libros y discos de música, y colabora habitualmente con el proyecto musical Zuga, donde se encarga del aspecto visual.
[eng] Nancy Moreno Pinto - Remove your hearts of stone
The regime, however, knew very well how to inhabit the blind spots of the extremes. To the world, they presented themselves as a solid, popular, and decolonial left. Inside the country, between Canaima National Park and Amazonas State, in the mining arc, our indigenous peoples were displaced, exploited, and—if they resisted the armed theft of their lands by miners and the military—murdered. Over the past 26 years, our rainforest has become fertile ground for child labor, water contamination, the felling of ancient trees, the extermination of wildlife, and the use of women—each time younger—as bargaining chips [1].
Following the same macabre logic, they “feminized” the language: the first lady became the “first combatant,” and for the first time, words like “ingeniera” [female engineer], “arquitecta” [female architect],” or “lideresa” [female leader] were heard on TV. Now celebrated, women became a key part of the grand project known as “the Bolivarian Revolution.” Inclusion in exchange for volunteer labor; women empowered exclusively in their role as caregivers—from the private sphere of the home to the public sphere of their community [2]. This essentialist view of women allowed them to condemn anything that strayed from the mold of the “good revolutionary”—a woman willing to take up arms for her country, yet imprisoned if a complaint about hunger or a lack of services were to slip through a whatsapp group shared with ill-intentioned neighbors.
“You have in me a brother, a president who not only declares himself a feminist but also believes that women are superior to any man in their sensitivity, dedication, and humanity,” said Nicolás Maduro in 2018, on the occasion of International Women’s Rights Day (March 8). However, when it comes to reproductive rights, abortion is illegal in Venezuela (the only exception being when the mother’s life is in danger), sex education in schools is extremely inadequate (if it exists at all), period poverty is a reality that affects the lives of the vast majority of menstruating people in the country [3], and mere access to contraceptives has become a vague memory of the past, due to high costs and shortages.
As in so many other countries, impunity and gender-based violence are also used as tools of domination. This is evidenced by unaddressed reports of gender-based violence, high rates of femicide [4] and sexual exploitation, the stigmatization of the LGBTQ+ community, as well as the torture and sexual assault endured by hundreds of women imprisoned for political reasons. Such is the case of Emirlendris Benítez, who was accused without evidence of terrorism in August 2018, imprisoned while pregnant, tortured until she suffered a miscarriage, and subjected to an unauthorized uterine curettage that left her wheelchair-bound [5].
When I decided to leave Venezuela, I not only wanted to escape state-sanctioned and street violence; I also wanted with all my might to leave behind the cruelty of political polarization, to escape that discursive nightmare where defending social policies or daring to name patriarchy makes you an accomplice to the dictatorship. Or, in the opposite but identical scenario, where taking a stand against the dictatorship automatically turns you into a bloodthirsty capitalist/colonialist/anti-feminist. But to my surprise (and great naivety), polarization is not exclusive to totalitarian regimes. It wasn’t even a month before someone told me, in a language I barely understood, that there was no dictatorship in my country, that I didn’t know what I was talking about.
Little by little, I learned to argue in a borrowed language and to brush off people who—living life to the fullest with access to healthcare, food on the table, family Sundays, and, in short, freedom of expression—wanted to explain to me the virtues of the Venezuelan government. I also eventually managed to quell my frustration whenever a colleague from Latin America dismissed my experience in order to comfortably uphold their theory and activism… Until January 3, 2026.
On that day, following months of airstrikes on Venezuelan vessels accused (without evidence) of drug trafficking [6], followed by the arrival of the United States’ largest aircraft carrier in the Caribbean Sea, Caracas was bombed in the early morning hours on the orders of the Donald Trump administration. Nicolás Maduro—removed from the Miraflores Palace along with his wife, Cilia Flores—woke up in New York, after a brief layover in Guantánamo, ready to be transported to the prison where P. Diddy is also being held.
Then everyone had something to say about Venezuela. Fortunately, public opinion continues to be outraged by the United States’ interventionist policies, by the endlessly repeating history of countries in the Global South being plundered in the name of salvation, as well as by the violation of international law. The attack on Venezuela opened up a new realm of possibilities regarding the violation of sovereignty, and everyone, quite rightly, feared for that of their own country.
However, peoples do not only disappear into the darkness; they also disappear due to an excess of visibility: “too much light blinds,” says Georges-Didi Huberman [7]. In the media and on social media, our oil (ours?) became a trending topic, and people condemned both Trump’s actions and the Venezuelans who rejoiced at Maduro’s capture. People talked about Venezuela, but said little or nothing about the humanitarian crisis we’ve been enduring for decades, about those deprived of their liberty in torture centers for political reasons, about hunger, forced disappearances, or the 8 million migrants. Ironically, those who condemned Trump’s actions had eyes only for Venezuela’s oil—and not for its people.
And in the deepest darkness when it comes to international visibility: the camps set up by the families of political prisoners outside the regime’s most notorious prisons. The vast majority are women waiting night after night for news of their loved ones, who have been arbitrarily detained by Nicolás Maduro’s regime. Mothers, sisters, grandmothers, and wives—many of whom have traveled from other states to the capital, leaving behind jobs and homes and living in extremely precarious conditions—are demanding the release of their loved ones or at least confirmation that they are alive, as they have received no information since their loved ones were abducted by the regime.
At the time of Nicolás Maduro’s capture, there were nearly 1,000 political prisoners, including hundreds of minors and people with disabilities, subjected to inhumane conditions of detention and accused of terrorism, treason, and criminal conspiracy without any evidence to support these charges. This figure is likely far below the actual number, considering that many people did not report the arrests of their relatives for fear of reprisals. Since then, interim President Delcy Rodríguez—who, before becoming vice president, headed SEBIN, the police agency responsible for disappearances and torture; a close confidante of Maduro and endorsed by Trump—pledged to push for an amnesty law to free political prisoners, which was finally approved on February 19, 2026 [8]. At the time of this writing, 409 people remain in detention [9].
Meanwhile, these women continue to resist outside the prison walls, standing in solidarity with one another and forming a solid front despite their fear and despair. They organize, provide names and numbers, and fight for their fellow prisoners; those who can bring them food and clothing, while others shout from outside, hoping to be heard so that the prisoners know there is someone waiting for them on the outside. They have begun a hunger strike, hold vigils, set up and reestablish camps, and follow their relatives from prison to prison, as the unjustified transfers of prisoners are a constant in their daily struggle.
Six of them have lost their lives: Carmen Dávila, nearly 90 years old, died without knowing that her son had already been released; she was hospitalized after a year of waiting, and by the time he was released from prison, she was already unconscious. Yarelis Salas, 39, suffered a cardiovascular event during a vigil outside the prison where her son was being held. Omaira Sánchez also died of a cardiovascular event after four years of trying to find out her son’s whereabouts. Yenny Barrios, a cancer patient accused, her also, of terrorism and imprisoned for months without access to her chemotherapy, died alone in the hospital without being able to reunite with her son, who was imprisoned for posting a video in which he requested to switch one medication for another to treat his mother. Then there is Carmen Teresa Navas, who, at age 82, spent 16 months desperately searching for her son, without a clear response from the authorities, who sent her from one prison to another, only to confirm to her on May 7, 2026, that her son had died in July 2025. Carmen died 10 days later [10]. And María Concepción Sánchez, another stroke, passed away upon learning that her son was not among those recently released [11]. Unfortunately, this list keeps growing. How much violence can a body endure?
To discuss U.S. intervention without taking these women into account—or the history of the country that has led them to where they are today—is to ignore what we Venezuelans have endured over the past 26 years under a government that proclaimed itself socialist but quickly devolved into a military dictatorship, where dissenting voices are systematically silenced. We can rejoice at seeing a self-proclaimed leftist dictator in prison while at the same time condemning U.S. interference. And if reflecting on these contradictions unsettles us, then perhaps it is time to face that discomfort head-on. As one of the mothers, Evelis Cano, told the police officers monitoring the protests by the relatives of political prisoners: “Remove your hearts of stone” [12]. In this world of polarities, I would like to champion listening, care, and empathy over a political stance incapable of self-reflection.
[1] UN. (2020). Venezuela: UN Publishes Report on Criminal Control of the Mining Region and on Justice Issues in General. https://www.ohchr.org/es/2020/07/venezuela-un-releases-report-criminal-control-mining-area-and-wider-justice-issues
[2] Nueva Sociedad (2018). The Feminization of Chavismo: Poor Women as Instruments of Social Policy. https://nuso.org/articulo/la-feminizacion-del-chavismo/
[3] Córdova, E. (2025). Poverty and Social Exclusion Complicate Menstrual Management in Venezuela. Runrun.es. https://runrun.es/noticias/580977/pobreza-y-exclusion-social-complican-gestion-menstrual-en-venezuela/
[4] According to Utopix (2025), in 2025, a femicide was recorded every 53 hours. https://utopix.cc/pix/septiembre-de-2025-son-17-casos-para-un-total-de-123-femicidios-en-venezuela-en-9-meses/
[5] Foro Penal. Political Prisoners in Venezuela: Between Prison and Oblivion. https://foropenal.com/presas-politicas-en-venezuela-entre-la-carcel-y-el-olvido/
[6] The New York Times. (2025) What the Videos of Attacks on Ships in the Caribbean and the Pacific Reveal. https://www.nytimes.com/es/2025/11/26/espanol/estados-unidos/video-ataques-barcos-venezuela.html
[7] Georges Didi-Huberman. (2012). Peuples exposés, peuples figurants. Paris: Les Éditions de Minuit.
[8] BBC Mundo. (2026). Venezuela’s National Assembly passes an amnesty law that human rights organizations consider limited. https://www.bbc.com/mundo/articles/c99j105gkvro
[9] According to the real-time tally conducted by Foro Pena, an NGO that provides pro bono legal assistance to people arbitrarily detained in Venezuela: https://foropenal.com/
[10] Efecto Cocuyo. (2026). Carmen Navas, the 86-year-old mother who traveled from prison to prison searching for a son whom the state had already buried. https://efectococuyo.com/la-humanidad/carmen-navas-la-madre-de-86-anos-que-recorrio-carceles-buscando-a-un-hijo-que-el-estado-ya-había-enterrado/
[11] elDiario.es. (May 25, 2026). Death of a Political Prisoner’s Mother. https://eldiario.com/2026/05/25/muerte-madre-preso-politico/
[12] El País. (2026). The Desperate Struggle of the Mothers of Political Prisoners in Venezuela. justicehttps://elpais.com/america/2026-01-28/la-desesperada-lucha-de-las-madres-de-presos-politicos-en-venezuela-no-tienen-misericordia-exigimos-justicia.html
In 2017, she moved to France to continue her studies and obtained a master’s degree in Urban Mediations, Knowledge, and Expertise from the University of Lyon 2. She subsequently joined the “October Octopus” team as a cultural programmer, where she conceives and coordinates cultural projects in France and internationally, including festivals, book fairs, and academic programs.
© Mariangela Abbruzzese
* Mariangela Abbruzzese. A Venezuelan woman living in Mexico. Full-time professor at the School of Communication at the Universidad del Claustro de Sor Juana.
IG: @recortaymueve
[fr] Nancy Moreno Pinto - Arrachez-vous ces cœurs de pierre
Le régime, en revanche, a très bien su habiter les angles morts des extrêmes. À l’extérieur, il se présentait comme une gauche solide, populaire et décoloniale. À l’intérieur, entre le parc national Canaima et l’État d’Amazonas, dans l’Arco Minero, nos peuples autochtones ont été déplacés, exploités et — lorsqu’ils ont résisté au vol à main armée de leurs terres par les mineurs et les militaires — assassinés. Au cours de ces 26 dernières années, notre forêt est devenue un terrain fertile pour le travail forcé des enfants, l’empoisonnement des eaux, l’abattage d’arbres millénaires, l’extermination de la faune, et l’utilisation de femmes, toujours plus jeunes, comme monnaie d’échange [1].
Dans la même logique macabre, ils ont féminisé le langage : la Première Dame est devenue la « Première Combattante », et pour la première fois, on a entendu à la télévision des mots tels que « ingénieure », « architecte » ou « leaderesse ». Désormais célébrée, la femme est devenue une pièce clé du grand projet appelé la « révolution bolivarienne ». Une inclusion payée au prix du travail bénévole : une femme valorisée uniquement comme aidante/soignante/gardienne — un passage du privé (foyer) au public (communauté) [2]. Cette vision essentialiste de la femme leur a servi à condamner tout ce qui sortait du moule de la « bonne révolutionnaire », celle qui est prête à prendre les armes pour défendre sa patrie, mais qui serait vite emprisonnée le jour où sa plainte concernant le manque de nourriture, d’électricité ou d’eau fuiterait dans un groupe whatsapp partagé avec des voisins mal intentionnés.
« Vous avez en moi un frère, un président qui non seulement se déclare féministe, mais qui croit aussi que la femme est supérieure à n’importe quel homme par sa sensibilité, son dévouement et son humanité », déclarait Nicolás Maduro en 2018, à l’occasion du 8 mars. Sauf que lorsqu’il est question de droits reproductifs, l’avortement demeure illégal au Venezuela — la seule exception étant lorsque la vie de la mère est en danger. L’éducation sexuelle dans les écoles est extrêmement précaire, si tant est qu’elle existe. La précarité menstruelle est une réalité qui affecte la vie de la grande majorité des personnes du pays ayant leurs règles [3], et le simple accès aux méthodes contraceptives est devenu un vague souvenir du passé, en raison des coûts exorbitants et des pénuries.
Comme dans tant d’autres pays dirigés par des gouvernements qui se vantent pourtant d’être des alliés, l’impunité et la violence machiste sont elles aussi utilisées comme des outils de domination. En témoignent les plaintes pour violences de genre laissées sans suite, les taux élevés de féminicides [4] et d’exploitation sexuelle, la stigmatisation de la communauté LGBTQ+, ainsi que les tortures et agressions sexuelles subies par des centaines de femmes emprisonnées pour des raisons politiques. C’est le cas d’Emirlendris Benítez, accusée sans preuves de terrorisme en août 2018 : emprisonnée alors qu’elle était enceinte, elle a été torturée jusqu’à provoquer son avortement, puis a subi un curetage utérin sans autorisation qui l’a laissée en fauteuil roulant [5].
Quand j’ai décidé de migrer du Venezuela, je ne voulais pas seulement fuir la violence d’État et celle de la rue ; je voulais aussi, de toutes mes forces, laisser derrière moi la cruauté de la polarisation politique, sortir de ce cauchemar discursif où défendre des politiques sociales ou oser nommer le patriarcat fait de vous un complice de la dictature. Ou, à l’inverse — mais tout aussi identique — où se positionner contre la dictature vous transforme automatiquement en une capitaliste, colonialiste, antiféministe sanguinaire. Mais à ma grande surprise (ce qui témoigne une grande naïveté de ma part), la polarisation n’est pas un produit exclusif des régimes totalitaires. Il ne s’était pas écoulé un mois avant que quelqu’un me dise, dans une langue que je comprenais à peine, que dans mon pays il n’y avait pas de dictature et que je ne savais pas de quoi je parlais.
Peu à peu, j’ai appris à argumenter dans une langue empruntée, ou bien, à passer mon chemin face à des personnes qui, tout en menant une vie pleinement dotée d’accès aux soins, de nourriture sur la table, de dimanches en famille et, en somme, de liberté d’expression, voulaient m’expliquer les bienfaits du gouvernement vénézuélien. J’ai aussi fini, avec le temps, par calmer mon désespoir chaque fois qu’une camarade ou un camarade d’Amérique latine invalidait mon expérience afin de pouvoir soutenir confortablement sa théorie et son militantisme… Jusqu’au 3 janvier 2026.
Ce jour-là, après des mois d’attaques aériennes contre des embarcations vénézuéliennes accusées (sans preuves) de narcotrafic [6], suivies de l’arrivée du plus grand porte-avions des États-Unis dans la mer des Caraïbes, Caracas a été bombardée à l’aube sur ordre du gouvernement de Donald Trump. Nicolás Maduro — extrait du palais de Miraflores avec son épouse Cilia Flores — s’est réveillé à New York, après une brève escale à Guantánamo, prêt à être transféré dans la prison où est également détenu P. Diddy.
Alors tout le monde avait quelque chose à dire sur le Venezuela. Heureusement, l’opinion publique continue de s’indigner face aux politiques interventionnistes des États-Unis, à cette histoire qui se répète à l’infini — celle des pays du Sud global pillés au nom de leur prétendue libération — ainsi qu’aux violations du droit international. L’attaque contre le Venezuela a ouvert une brèche vers de nouvelles possibilités en matière de violations de souveraineté, et chacun, à juste titre, a craint pour celle de son propre pays.
Cependant, les peuples ne disparaissent pas seulement dans l’obscurité ; ils disparaissent aussi par excès de visibilité : « trop de lumière rend aveugle », dit Georges Didi-Huberman [7]. Dans les médias et sur les réseaux sociaux, notre pétrole (le nôtre ?) est devenu tendance, et l’on a condamné à la fois les actions de Trump et les Vénézuélien·ne·s qui se réjouissaient de la capture de Maduro. On parlait du Venezuela, mais peu ou pas de la crise humanitaire que nous traversons depuis des décennies, des personnes privées de liberté dans des centres de torture pour des raisons politiques, de la faim, des disparitions forcées ou des 8 millions de migrant·e·s. Ironiquement, ceux et celles qui condamnaient les actions de Trump n’avaient d’yeux que pour le pétrole du Venezuela, et non pour son peuple.
Et dans l’obscurité la plus absolue en matière de visibilité internationale, les camps de familles de prisonniers et prisonnières politiques installés devant les prisons emblématiques du régime. Des femmes dans leur grande majorité, attendant nuit après nuit d’avoir des nouvelles de leurs proches, détenus arbitrairement par le régime de Nicolás Maduro. Des mères, des sœurs, des grand-mères et des épouses, pour beaucoup venues d’autres régions du pays jusqu’à la capitale, laissant derrière elles leurs emplois et leurs foyers, dans des conditions de grande précarité, pour exiger la libération ou, au moins, une preuve de vie des leurs, sans parvenir à obtenir la moindre information depuis leur enlèvement par le régime.
Au moment de la capture de Nicolás Maduro, il se recensait environ 1 000 prisonnier·e·s politiques, dont des centaines de mineur·e·s, ainsi que de personnes en situation de handicap, soumis à des conditions de détention inhumaines, accusé·e·s de terrorisme, de trahison à la patrie et d’association de malfaiteurs, le tout sans preuves à l’appui. Un chiffre probablement très inférieur à la réalité, compte tenu du fait que de nombreuses personnes n’ont pas dénoncé les arrestations de leurs proches par peur de représailles. Depuis lors, la présidente intérimaire Delcy Rodríguez — qui, avant d’être vice-présidente, avait été à la tête du SEBIN, l’organe policier responsable des disparitions et des tortures, étant celle-ci proche de Maduro et maintenant validée par Trump — s’est engagée à promouvoir une loi d’amnistie pour la libération des prisonnier·e·s politiques, finalement adoptée le 19 février 2026 [8]. À l’heure où ce texte est rédigé, on compte encore 409 personnes en détention [9].
Pendant ce temps, ces femmes continuent de résister à l’extérieur des établissements pénitentiaires, se solidarisant entre elles, formant un bloc solide malgré la peur et le désespoir. Elles s’organisent, donnent des noms et des chiffres, se battent pour leurs proches détenus ; celles qui le peuvent leur apportent de la nourriture et des vêtements, d’autres crient depuis l’extérieur en espérant être entendues, pour qu’ils sachent que quelqu’un les attend dehors. Elles ont entamé une grève de la faim, organisent des veilles, lèvent puis réinstallent leurs camps suivant leurs proches de prison en prison – les transferts injustifiés de détenus constituant une constante de leur quotidien de lutte.
Six d’entre elles ont perdu la vie : Carmen Dávila, presque nonagénaire, est morte sans savoir que son fils avait déjà été libéré ; après une année d’attente, elle avait été hospitalisée et, lorsqu’il est sorti de prison, elle était déjà inconsciente. Yarelis Salas, 39 ans, a été victime d’un accident cardiovasculaire lors d’une veillée organisée devant la prison où son fils était détenu. Omaira Sánchez est également morte d’un accident cardiovasculaire après avoir passé quatre ans à tenter de connaître le sort de son fils. Yenny Barrios, atteinte d’un cancer, accusée elle-même de terrorisme et emprisonnée pendant des mois sans possibilité d’accéder à sa chimiothérapie, est morte seule à l’hôpital sans avoir pu retrouver son fils, emprisonné pour avoir publié une vidéo dans laquelle il proposait d’échanger un médicament contre un autre pour le traitement de sa mère. Il y a aussi Carmen Teresa Navas qui, à 82 ans, a passé seize mois à chercher désespérément son fils, sans recevoir de réponse claire des autorités, qui l’envoyaient d’une prison à l’autre, jusqu’à ce qu’on lui confirme finalement, le 7 mai 2026, que son fils était mort en juillet 2025. Carmen est morte dix jours plus tard [10]. Et María Concepción Sánchez — encore un accident cardiovasculaire — est décédée en apprenant que son fils ne faisait pas partie des dernières libérations [11]. Malheureusement, cette liste ne cesse de s’allonger. Combien de violence un corps peut-il supporter ?
Parler de l’intervention des États-Unis sans prendre en compte ces femmes ni l’histoire du pays qui les a conduites là où elles en sont aujourd’hui, c’est ignorer ce que nous, les Vénézuélien·ne·s, avons vécu au cours de ces vingt-six dernières années, sous un gouvernement qui s’est proclamé socialiste mais qui est rapidement devenu une dictature militaire, où les voix dissidentes sont systématiquement réduites au silence. Nous pouvons nous réjouir de voir un dictateur se disant de gauche en prison tout en condamnant l’ingérence des États-Unis. Et si le fait de penser ces contradictions nous met mal à l’aise, alors il est peut-être temps d’affronter cet inconfort. Comme l’a dit l’une des mères, Evelis Cano, aux policiers qui surveillent les manifestations des familles de prisonniers politiques : « Arrachez-vous ces cœurs de pierre » [12]. Dans ce monde de polarités, je voudrais me tourner vers l’écoute, le soin et l’empathie, plutôt que vers une posture politique incapable de se remettre en question.
[1] ONU. (2020). Venezuela: ONU publica informe sobre el control criminal de la región minera y sobre temas de la justicia en general. https://www.ohchr.org/es/2020/07/venezuela-un-releases-report-criminal-control-mining-area-and-wider-justice-issues
[2] Nueva Sociedad (2018). La feminización del chavismo. Las mujeres pobres como instrumentos de la política social. https://nuso.org/articulo/la-feminizacion-del-chavismo/
[3] Córdova, E. (2025). Pobreza y exclusión social complican la gestión menstrual en Venezuela. Runrun.es. https://runrun.es/noticias/580977/pobreza-y-exclusion-social-complican-gestion-menstrual-en-venezuela/
[4] Selon Utopix (2025), en 2025, un féminicide est enregistré toutes les 53 heures. https://utopix.cc/pix/septiembre-de-2025-son-17-casos-para-un-total-de-123-femicidios-en-venezuela-en-9-meses/
[5] Foro Penal. Presas políticas en Venezuela entre la cárcel y el olvido. https://foropenal.com/presas-politicas-en-venezuela-entre-la-carcel-y-el-olvido/
[6] The New York Times. (2025) Lo que revelan los videos de los ataques a embarcaciones en el Caribe y el Pacífico. https://www.nytimes.com/es/2025/11/26/espanol/estados-unidos/video-ataques-barcos-venezuela.html
[7] Georges Didi-Huberman. (2012). Peuples exposés, peuples figurants. Paris : Les Éditions de Minuit.
[8] BBC Mundo. (2026). La Asamblea Nacional de Venezuela aprueba una ley de amnistía que organizaciones de derechos humanos consideran limitada. https://www.bbc.com/mundo/articles/c99j105gkvro
[9] Selon le décompte en temps réel réalisé par le Foro Penal, une ONG qui offre une assistance juridique pro bono aux personnes détenues arbitrairement au Venezuela : https://foropenal.com/
[10 ]Efecto Cocuyo. (2026). Carmen Navas, la madre de 86 años que recorrió las cárceles buscando a un hijo que el Estado ya había enterrado. https://efectococuyo.com/la-humanidad/carmen-navas-la-madre-de-86-anos-que-recorrio-carceles-buscando-a-un-hijo-que-el-estado-ya-había-enterrado/
[11] elDiario.es. (2026, 25 de mayo). Muerte de madre de preso político. https://eldiario.com/2026/05/25/muerte-madre-preso-politico/
[12] El País. (2026). La desesperada lucha de las madres de presos políticos en Venezuela. justiciahttps://elpais.com/america/2026-01-28/la-desesperada-lucha-de-las-madres-de-presos-politicos-en-venezuela-no-tienen-misericordia-exigimos-justicia.html
* Nancy Moreno Pinto (Venezuela) s’est formée en lettres avant d’intégrer l’équipe de Lugar Común, librairie et centre culturel à Caracas, d’abord en tant que libraire, puis comme coordinatrice de la programmation culturelle. En 2015, elle a cofondé la bibliothèque itinérante « Pasa la Cebra », avec l’objectif de permettre aux enfants de Petare, un quartier défavorisé de Caracas, d’accéder à la lecture et de se réapproprier l’espace public à travers des activités culturelles.
En 2017, elle s’est installée en France pour poursuivre ses études et a suivi un master en Médiations urbaines, savoirs et expertises à l’Université Lyon 2. Elle a ensuite rejoint l’équipe d’October Octopus en tant que programmatrice culturelle, où elle conçoit et coordonne des projets culturels en France et à l’international, notamment des festivals, des salons du livre et des programmes académiques.
© Mariangela Abbruzzese
* Mariangela Abbruzzese. Vénézuélienne installée au Mexique, elle est professeure à temps plein à l’École de communication de l’Universidad del Claustro de Sor Juana.
IG: @recortaymueve


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