[esp] Camila Opazo Romero - Pensamientos de origen cotidiano

Para mi amada Luna,

Recibir la propuesta para escribir sobre algún tema que se asiente en el feminismo no es complejo, ya que como mujer latinoamericana criada en una sociedad en dictadura en los años ochentas, es un tópico que vengo defendiendo hace muchos años, pero no de la misma forma que lo hacen las nuevas generaciones. Tuve el privilegio -porque en mi país estudiar así es un real privilegio, que esperamos cambiar asociado a la condición cultural lo antes posible-, de estudiar en un colegio de cultura francesa y feminista, éramos solo mujeres donde la máxima era ser libre, no someternos a ningún modelo, siempre buscar el propio. Hacer lo que quisiéramos en la vida, pero hacerlo con pasión, siendo consecuentes y luchadoras. Considero que la rebeldía y la resistencia está en la autodefinición. He tenido la suerte de que mi lucha como mujer no se ha visto supeditada a la defensa de mí misma en contra del género masculino, por el contrario, siempre he contado con la suerte de conocer hombres que saben acompañar la ruta, o que se movilizan para entender lo que eso significa. Entonces, podría decir que me considero una feminista de tomo y lomo, soy la primera en levantar la voz cuando algo no me acomoda siendo mujer, me críe en el 
des-miedo de la libertad.

Ha pasado mucho de esta etapa de mi vida y hoy me doy cuenta que, como siempre en la historia de la humanidad, algunos movimientos van más rápido que el análisis que podemos hacer sobre ellos. Desde la doctrina nos dicen que necesitamos 20 años, como mínimo, para entender un fenómeno histórico, pero el feminismo lleva más de tres siglos de movimiento revolucionario y seguiremos en él, creo que no contamos con los años de distancia sugeridos... En este punto a veces podemos sentir una superposición de ideas por sobre los ideales o viceversa y podemos tardar en re-organizar el pensamiento. 

Ahora me encuentro aquí: Son las 13:00 del día y en casa preparamos el almuerzo en familia, y como siempre, nuestra estadía juntxs está repleta de conversaciones, de inquietudes y discusiones sobre las interrogantes e ideas de cada integrante del clan. Cocino para todxs, en la cocina por lo general está mi hijo picando los ingredientes y mi hijastra, Luna, sentada conversando. Ella no quiere cocinar porque dice que lo debe hacer su papá, no yo, ni ella… somos dos mujeres y 3 hombres… siempre cocino yo; pero lo hago por amor, porque me gusta y creo que me queda delicioso. Entramos en la discusión de la cocina, algo cotidiano extensible a cualquier temática. Argumentos de todos lados fluyen hasta que Luna me enfrenta con algo de rabia en sus ojos y me dice: “Eres una Falsa Feminista”, un frío recorre mi espalda y solo quedo en silencio. Luna tiene 16 años, yo bastante más… ¿Fue insolente?, ¿tiene razón?, ¡Me sentí completamente escindida de mi rol feminista que llevo viviendo durante toda mi vida! Sus argumentos están basados en que, en la vida cotidiana y en el ritmo de nuestro clan, permito muchas cosas que ella considera machistas. Me propone que yo debería enarbolar la bandera que reclamo portar y hacer justicia de género dentro de nuestro hogar.  Un hecho tan simple y cotidiano me hace remecer mis hipótesis sobre el movimiento y mis argumentos de lucha, lo cual siempre agradezco.

Han pasado algunos meses desde ese almuerzo y por supuesto meses donde mi reflexión no ha cesado, ¿cuánto ha cambiado la idea del feminismo en estos años? Me siento una hija pobre del movimiento, mi condición de criada en dictadura confunde mucho el proceso libertario de la mujer. La generación entre los 16 y los 25 años tiene un concepto del feminismo que ha variado en algunos aspectos en relación al mío, tienen una radicalidad que adoro, pero que me cuesta llevar a cabo en algunos espacios. Coincidimos en varias cosas, no tan solo las básicas, otras las tengo que aprender, pero si hay algo de lo que estoy segura es que no soy portadora del virus del “FALSO FEMINISMO”. ¿Puedes ser feminista y no actuar cuando una mujer oprime a otra mujer? ¿Cuándo una mujer a cargo de una casa desmedra a otra por ser trabajadora de su hogar? ¿Puedes ser feminista y accionar en cualquier medio que hiera en algún aspecto a otra mujer? ¿O hacer la vista “gorda” –pasarlo por alto- como se dice en mi país? Con esto me refiero a toda índole de cosas y situaciones: personales, amorosas, laborales, económicas, derechos, sobre todo los derechos y deberes de las personas. Esto por poner algunos ejemplos, se me viene miles a la cabeza sobre todo muchos del último periodo de mi vida personal.

Hace tiempo en un grupo de compañerxs escuché a una mujer que admiro mucho decir: “Mi lucha no es de género es de clase”, y me emocioné, lo comenté con algunas personas que compartían conmigo ese periodo de mi vida. Mi lucha también es de clases, porque si veo a una mujer oprimiendo a otra, siendo practicante del falso feminismo, no dudaré en actuar. El concepto de sororidad es más que una moda, es más que una etiqueta que las mujeres debemos portar, es una condición de luchadoras que no debemos abandonar, pero en todos los sentidos, aunque sea incómodo a veces o no nos entregue el resultado que nos beneficia.

La mirada, el análisis desde las mujeres para las mujeres está relacionada con esto: Cómo el movimiento va mutando a la velocidad de la orgánica femenina, ¡rapidísimo! Hace 60 años Simone de Beauvoir consideraba que la libertad de las mujeres estaba en el trabajo. Pero cada contexto va determinando los detalles, ya que los procesos históricos también van mutando. Cuando vives una dictadura y viviendo una revolución muchas mujeres consideramos que nuestra libertad está en el trabajo, en el libre pensamiento y en la posibilidad de luchar por nuestros ideales: las calles, los medios artísticos, difusión independiente, etc. Hoy la libertad de la mujer está en el acucioso análisis de nuestros derechos, que son derechos mutables, parte del cambio civilizatorio que estamos viviendo como mundo. Aunque debo aclarar que aún luchamos por mantenernos vivas y libres de abusos físicos, esa es la máxima principal… pero la comprensión del feminismo ha evolucionado, se ha agudizado y como mujeres debemos estar en la vanguardia de eso, no tenemos disponibles la distancia de análisis y el vértigo de entender cada día de qué se trata, nuestro movimiento es real, y es aquí donde la transversalidad generacional se hace fundamental, es aquí donde nos movemos dentro de un ideal y debemos vivirlo con responsabilidad intelectual, física, emocional y espiritual.

Mi lucha es de clases con un eje sistémico de género, y mi feminismo está a salvo porque con Luna formamos un equipo de reflexión y análisis diario de nuestras vidas como mujeres, donde vivir está supeditado al diálogo, la honestidad y el amor que nos tenemos desde el día en que nos conocimos. Somos mujeres luchadoras, defendemos nuestras ideas, pero no apoyamos el falso feminismo, militamos en la provocación positiva de la agudeza del pensamiento, no en constructos sociales. Nos cuestionamos para avanzar.

Y como bien me dijo ella, no puedo dejar de decir que este breve texto lo escribo desde mi lugar de mujer, ex burguesa, porque mis padres no me pudieron pagar una carrera universitaria, ni pre-grados, ni post-grados –en Chile la educación cuesta mucho dinero y aún en el plano de la gratuidad es difícil tener acceso a ella-, vivo justo con lo que mi trabajo asalariado y mi trabajo de la fotografía me permiten, siempre estoy en la flexibilidad de buscar cómo vivir mejor según las posibilidades que me entrega el lugar donde estoy y las circunstancias que enfrento, el contexto nos define basalmente, pero no nos determina. Finalmente, soy una clásica mujer latinoamericana de clase media, hija de un pintor y una tejedora, y creo que nuestro movimiento tiene mucho por qué seguir luchando, pero no debemos engañarnos entre nosotras, ni ser condescendientes con nuestros ideales, estar siempre reflexionando respecto a: ¿Qué significa ser mujer hoy? Feminismo e interculturalidad - Feminismo y clase sociales - Feminismo y justicia - Feminismo y cultura – Feminismo y … -  Las mujeres somos parte de la sociedad, pero debemos luchar por nuestra pertenencia y permanencia en ella según nuestros propios ideales, luchar por la autodefinición y ser consecuentes con ella. Pero jamás permitir que alguien se llame feminista y apoye algún gesto de opresión o herida hacia una mujer.



* Camila Opazo Romero. Chilena, fotógrafa, he trabajado como curadora, directora de galerías de arte, editora y creadora de una revista, en su tiempo llamada TONIC, que hoy lleva por nombre LAND! Latinoamérica nunca duerme! Actualmente coordino el área de extensión de una facultad de artes. Soy una inquieta del cambio civilizatorio que actualmente vive mi país. ig @camilaop.




© Camila Opazo Romero. Fotografía análoga, 35 mm, P/A Edición de 3.




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